La Punta del Sol; la historia de los guanches en Madeira


La historia de los guanches en Madeira es, quizás, uno de los primeros casos en donde un movimiento de resistencia contra la esclavitud tuvo éxito. Esclavos canarios fueron llevados a la isla portuguesa durante el siglo XV bien por las entradas en las islas que hicieron los portugueses o bien vendidos como esclavos por los señores de Lanzarote.

Desde mediados del 1300 los navegantes portugueses habían visitado las Islas Canarias. Estos contactos se intensifican - hacia el 1420- a raíz del descubrimiento y colonización de Madeira. Contactos que fueron en ocasiones para comerciar con la población nativa - adquiriendo productos como carne, sebo, queso y otros - y en otras ocasiones como "entradas" para la captura de esclavos.

Vista de las Islas Desiertas desde Madeira
De las expediciones portuguesas al menos tres partieron de Madeira. Concretamente las de 1425,
1427 y 1434. Además la expedición del madeirense Alvaro de Ornelas a Africa, en 1445, se desvió a la isla de La Palma en donde apresó a varios nativos que luego vendió en Madeira.

La expansión del cultivo de la caña de azúcar en el Atlantico comenzó en Madeira en 1455, los plantones y los primeros técnicos fueron traídos originariamente desde Sicilia. El negocio, financiado con capital genovés, significó también una importante demanda de esclavos. La primera exportación de azúcar de Madeira fue a Bristol en 1456.

La accesibilidad de Madeira atrajo a comerciantes genoveses, judíos y flamencos que trataban de romper el monopolio veneciano. En 1480 Amberes tenia unos 70 barcos dedicados al comercio del azúcar con Madeira cuyo refino y distribución controlaban. Durante la década de 1490 Madeira ya había superado a Chipre como productor de azúcar.



El trabajo en los ingenios azucareros exigía una alta especialización: maestros espumeros, refinadores y purgadores, así como una gran cantidad de mano de obra esclava que se adquiría en Canarias, Marruecos y Mauritania. 

Aunque las cabalgadas contra los "moros" del continente - y en especial los zenagas, tribus bereberes sometidas a las tríbus beduinas saharawis al final del periodo almohade - habían sido constantes durante las ultimas décadas. Para la captura sistemática de esclavos en el continente los portugueses construyeron, entre 1448 y 1454, una fortaleza en la isla de Arguín. Un lugar que ya se había convertido en un centro de comercio de oro y esclavos por parte de los europeos.

En Canarias los asaltos eran constantes, no solamente a las islas, todavía libres, de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, sino en ocasiones también al resto de las islas. No solamente fueron las expediciones enviadas por el infante Enrique el Navegante sino también incursiones privadas de vecinos de Madeira, de genoveses o de españoles - estos últimos desde Andalucía o desde las islas ya conquistadas - que encontraban en Madeira un lugar donde vender su mercancia humana.

Tal y como revela Fray Bartolomé de Las Casas en su libro Brevísima descripción de la destrucción de Africa, ...
"Entre estos tractos y suplicaciones, o por mandato del infante o del rey de Portogal, o que los portogueses por su propia auctoridad, sin licencia del rey ni del infante, hacian muchos saltos en las dichas islas, así a los castellanos y a los pueblos que tenian en Lanzarote y Fuerte Ventura y la Gomera, poblados de gente castellana, así como de las otras islas, y también por la mar, robaban todo lo que podían" 


Pero los portugueses no fueron los únicos, ni tan siquiera los más importantes. El trafico esclavista estaba en auge y generaba enormes beneficios. Para los andaluces siempre fue más asequible obtener los esclavos en Canarias que en Guinea, evitando de esta forma el enfrentamiento con la armada  portuguesa. Era usual que los marinos de Palos (palermos), Cadiz, Moguer, Huelva, Gibraleón y Lepe, al llegar a Canarias, apresaran a los aborígenes que, vendidos luego en Andalucía, les proporcionaban cuantiosos beneficios. El puerto de Palos en Huelva aparece como un núcleo de abastecimiento de esclavos.

Especialmente relevantes en este tráfico humano fueron los señores de Lanzarote, Diego de Herrera e Ines Peraza, así como Hernán Peraza (hijo de ambos), y su esposa Beatriz de Bobadilla, condes de la Gomera.

Son numerosos los casos de esclavos canarios bautizados, que habían sido vendidos en Andalucía, Barcelona o Valencia por los factores de Hernán Peraza, Beatriz de Bobadilla o Pedro de Vera.

A este respecto, es bastante reveladora la condena del tráfico de esclavos por parte del Obispo de Rubicón fray Juan de Frías, quien con toda energía asumió la protección de los indígenas canarios bautizados, fundamentalmente los capturados en La Gomera.

En una carta ejecutoria de 1477, los Reyes Católicos, citan expresamente a las villas de Palos, Moguer, Huelva, Gibraleón y Lepe, como principales proveedoras, ya que el obispo de Rubicón acusaba a Alonso Gutiérrez, Juan Martínez Nieto, Diego Gil, Alonso Yáñez, Juan de Triana y Juan Martínez del Monte, capitanes de carabelas, vecinos de Palos y de Moguer, de que "avian traydo a esta tierra çiertos canarios... de la dicha ysla de la Gomera, los quales eran cristianos e libres, pues estavan en amparo de la Santa Madre Iglesia".

Estas capturas contaban, por lo general con la complicidad de Hernán Peraza, como aseguraba el propio Fray Juan de Frías en su denuncia, donde afirmaba textualmente:
    "Ferrand de Peraza, hijo de Diego de Ferrara, cuya es la Gomera... mandó entrar cierta gente de Palos e Moguer con ciertas caravelas en la dicha ysla de la Gomera, e que estando ellos en salva fe, fizo prender ciertos vezinos de las dichas yslas e los dio por cautivos, los quales diz que los traxieron presos a las dichas villas de Moguer y Palos...".
Las quejas de sus propietarios reclamando la devolución de los cautivos, o bien, del dinero que por ellos pagaron, aportan valiosas informaciones sobre la identidad de vendedores y compradores, sobre las características de estos esclavos y sobre sus precios. Sabemos que un vecino de Palos, Alonso de Cota, era un facedor en la comarca de Doña Beatriz de Bobadilla, viuda de Hernán Peraza, que tras la muerte de su marido había continuado con tan próspero negocio junto con Pedro de Vera.

Este Alonso de Cota vendió, por encargo de Doña Beatriz, ciertos gomeros que, como cristianos, resultaron ser libres y horros, por lo cual los compradores reclamaban su dinero. Doña Beatriz de Bobadilla tuvo que depositar 500.000 maravedíes a fin de restituir lo cobrado por la venta de dichos canarios.

Beatriz de Bobadilla

Entre los esclavos incautados por la Corona a sus propietarios palermos, citaremos como ejemplo el caso de Francisco Martín, zapatero vecino de Palos que, en 1491, reclama la cantidad de 12.000 maravedíes que había pagado por "...un muchacho gomero de hedad de quatro años e una gomera del governador (Pedro Vera) que ha nombre Ynés, por prescio el uno de seis mill maravedíes e la otra de otros seys mill...", declarados libres y que le han sido tomados por el obispo de Canarias. 

Especialmente interesante nos parece la reclamación de Fernando Martínez Daza, vecino de Palos, quién, en 1491, declaraba "... que viniendo de las pesquerías de los cazones de Guinea, aportó a la ysla de la Gomera, donde diz que estaba Doña Beatriz de Bobadilla... que por un varco suyo que traya le dio dos muchachas canarias". 

Pero no eran solo los andaluces, también se ha demostrado que mercaderes catalanes participaron activamente en los nuevos mercados surgidos entre Madeira, Canarias, la costa atlántica de la península ibérica y la vertiente atlántica africana al norte de Senegambia, comerciando, especialmente, con pescado salado, cueros, azúcar y esclavos. Lo mismo podemos decir de valencianos y mallorquines.

Madeira  tuvo una relación estrecha con los Herrera-Peraza señores de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Hierro. En 1420 Maciot de Bethencourt ya se habia ido a vivir a Madeira con su familia y 200 esclavos en donde se enriquece y en 1448 cede el señorío de Lanzarote al infante Enrique el Navegante de Portugal pasando esta isla a dominio portugués por unos años.

Maciot de Bethencourt, para afianzarse en el dominio de Canarias, se había casado con la princesa canaria Teguisa, que cristiana se llamó Madama Luisa de Bethencourt, hija del rey Guarfía, llamado Luis al bautizarse, y de la Reina Aniagua (después María de Bracamonte). Dicho contingente permaneció en Madeira aportando un pool genético canario que pervive hasta nuestros días.




Posteriormente en tiempos de los señores de Lanzarote Diego de Herrera e Ines Peraza, del hijo de ambos, Hernan Peraza el joven y de su esposa Beatriz de Bobadilla, la venta de esclavos canarios en Madeira podría tener la ventaja para estos de ahorrarse el "quinto" de la corona, es decir, el 20% de impuestos con que la corona de Castilla gravaba la venta de esclavos en los mercados españoles.

Se estima que cantidades importantes de nativos canarios y africanos llegaron a Madeira poco antes de mediar el siglo, después de la expedición de Lanzarote y del establecimiento de la factoría de Arguín. Lo cierto es que Cadamosto, a su paso por la Madera hacia 1455, queda ya impresionado de la habilidad de los canarios al describirnos la siguiente escena callejera presenciada por él en el incipiente Funchal o en el primitivo Machico:
"Y os hago saber que yo vi un canario cristiano, en la isla de la Madera, que se comprometía en apuesta a dar a tres hombres doce naranjas a cada uno, y él tomaría para sí otras doce: y se comprometía a hacer blanco en cada uno de ellos con sus doce naranjas de modo que ninguna fallase, y que nunca ninguno de ellos le tocaría con ninguna de las  suyas, a no ser en las manos, por querer defenderse con ellas, y que no se aproximasen a él sino de ocho a diez pasos. Y no encontró quien quisiese entrar en la apuesta, porque todos sabían que él lo haría mejor de lo que decía .."

A partir de 1455 la entrada de la caña de azúcar en la isla hace que los madeirenses necesiten personal para los ingenios y pastores para el ganado en sus montes destinado a la producción de carne, leche y queso. Los antiguos canarios son separados en dos contingentes, uno para los ingenios y otros a cuidar los rebaños de cabras.



Los canarios trabajando en los trapiches adquieren fama de ser los mejores "Mestre de Açucar" . La pregunta es por que fueron tan buenos trabajando el azucar. Teniendo en cuenta el carácter indómito nativo y lo celosos que eran de su libertad tan solo existe una explicación; porque les gustaba hacerlo. La paga era buena y la posición social también, además el "Mestre de Açucar" podía hacer tratos en términos preferentes con los "Senhores do Engenho" para quedarse con los restos de la melaza y fabricar el aguardiente de caña. 

Quizás esto no te diga nada pero para mi entronca claramente con las tradiciones nativas de la elaboración del guarapo y miel de palma y de bebidas fermentadas del fruto del Mocán como el cheserquén. Esto no solo entronca con la psicología colectiva de unas gentes que no eran unos robots inanimados sino amantes de la diversión, las danzas y los juegos, tal y como recogen las crónicas, sino que además puede entroncar también con su mundo espiritual.

Los canarios no solo se hicieron insustituibles como maestros de los trapiches, sino que llegaron a ganar mucho dinero que utilizaron en la compra de su libertad, e incuso llegaron a adquirir tierras y casas. Es notoria la solidaridad que se daba entre los canarios para librar a sus hermanos de la esclavitud.

Por otro lado los canarios enviados como pastores en las cumbres de Madeira se vieron libres en un medio natural muy similar al de su tierra natal. Incluso en algunas zonas el sistema de pastoreo es el guanil, dejando parte del rebaño pastar libremente y haciendo "apañadas" regulares.

Interior de Madeira

A partir de mediados del siglo XV, las referencias a esclavos canarios como pastores y en los trapiches son frecuentes. Su presencia en la isla debe haber sido importante y desestabilizadora en las últimas décadas del siglo XV, tal y como prueban múltiples documentos que reclaman medidas preventivas contra la actitud rebelde de estos.

Los canarios en las cumbres y zonas mas ariscas de la isla se sienten libres y señores de la tierra en la que pisan, mantienen sus creencias, tal y como muestran diferentes pruebas arqueológicas  y ese sentimiento de libertad llegaron a transmitirlo a los negros de actitud sumisa, así como la idea de emancipación. Esto llenó de preocupación a las autoridades de la isla ya que los canarios habían llegado al amotinamiento. Se intentó capturarlos, cosa difícil dada su agilidad y bravura, así como su conocimiento del terreno y la preparación de múltiples escondrijos escavados en roca o en cuevas.

La situación se hace insostenible. El 1481 los canarios estaban obligados a llevar una marca en el hombro para reconocerlos. El el 12 de noviembre de 1483 el Duque regente emite la siguiente orden;
En cuanto a lo que dicen que hay muchos esclavos canarios que sus dueños ocupan como pastores de ganados en la sierra y ellos se amotinan y merodean por la sierra y destruyen los ganados ajenos, por lo cual la cría de los ganados de esa isla se va perdiendo.. ., tengo por bien que se remedie de esta manera: que los jueces ordinarios hagan averiguación seguidamente, y así de aquí en adelarnte cada año, sobre cuáles son los canarios que andan amotinados en la sierra y hacen daño a los ganados, y que aquellos que encuentren tener culpa manden de mi parte a sus dueños que desde la publicación de sus nombres hasta el término de seis meses se ocupen de aprisionarlos y los entreguen a la justicia ... y si no los entregan, que de dicho día en adelante no sean ya considerados suyos y los pueda atrapar cualquier persona que pudiere, y el dicho canario sea de aquel que lo atrapare, con la condición de que aquel que lo atrapare lo saque luego de esa isla y lo venda o haga con el lo que quiera fuera de dicha isla, pero que en ella no lo tenga más
Los canarios alcanzaron la reputación de esclavos indomables, de carácter rebelde. Pero la situación no se limitaba a los alzados de las montañas, sino también a los canarios cautivos y horros que vivian en poblado. El canario fue un buen trabajador del azúcar; pero fuera del trabajo, en su vida ciudadana y nocturna, se constituyó, asociado con el negro, en un elemento inspirador de poca confianza, sospechosamente enriquecido y hasta peligroso.

En 1474 ya se hace eco la Infanta de Portugal de que en esa isla hay "muchos esclavos o esclavas horros, que mantienen casas propias, en las cuales encubren y esconden muchos hurtos y otras maldades, y que, a partir de la Navidad de aquel año, no se consienta que ningún esclavo ni esclava mantenga casa propia,, sino todos vivan a sueldo con quien quisieren o se marchen de esa isla, y los que tengan casas en propiedad las vendan o las alquilen."

Nueve años más tarde, en 1483, se dice "Hay allí muchos esclavos horros negros y blancos que viven independientes en casas alquiladas, y que viven en la abundancia y tienen tanta largueza, que del modo de su vivir el pueblo se preocupa presumiendo que en sus casas se encubren hurtos por otros negros cautivos y horros..."

Aparentemente los canarios en las ciudades se habían convertido en una especie de "mafia" que robaban e incitaban a los negros a robar para ellos. Debido al trafico marítimo generado por el comercio de azúcar nos imaginamos que no seria difícil sacar las mercancías robadas de la isla. En cuanto al aspecto moral y ético de dicho comportamiento, los esclavos tenían que comprar su libertad y los horros ya la habían tenido que pagar por algo que, portugueses o españoles, les habían arrebatado a la fuerza. Imagino que a sus ojos, dicho comportamiento simplemente nivelaba la balanza.

Finalmente 9 de Marzo de 1490 se decreta su expulsión;
Yo, duque, hago saber a vos, capitanes, jueces, oficiales, hidalgos, caballeros, escuderos, hombres buenos y pueblo de mi isla de Madeira, que sintiendo así por el bien de esta isla y de vosotros, ordeno algunas cosas de manera que a continuación se declaran; En dicha isla no habrá canarios de la Gran Canaria ni de la isla de la Palma ni de Tenerife ni de la Gomera, ni horros ni cautivos, entendiéndose los hombres y muchachos a partir de los diez años de edad. Las esclavas puede tenerlas quien quiera; pero las mujeres horras de estas mismas islas también quiero que se marchen. Entre estos canarios no estará comprendido aquel que al presente fuere maestro de azúcar y esté empleado en dicho oficio y examinado de que lo sabe hacer. Y tendrán de plazo para marcharse de esta isla hasta fines de octubre del presente año; y, si se les encuentra a partir de esa fecha, sufrirán esta pena: los que fueren cautivos, así como sus dueños, pagarán seis mil Rs; el esclavo y el producto de la multa serán un tercio para quien lo acusare y dos tercios para la iglesia; y los horros serán apresados y perderán toda la hacienda que les fuere hallada, siendo para la iglesia dos tercios y un tercio para quien lo acuse, y además cada uno recibirá cincuenta azotes públicamente y será expulsado fuera de la isla. Y esto se entenderá tanto en ella como en la isla de Porto Santo.

El 25 de Noviembre de 1491, la Cámara Municipal de Funchal acuerda la expulsión de los canarios. El criterio que prevaleció fue que los cautivos quedasen en la tierra, en tanto que los horros fueran expulsados antes de fin de marzo del año siguiente (1492) bajo pena de ser apresados, puestos en la cárcel y luego arrojados desde allí fuera de la isla.

Pero era una medida polemica, ya que muchos canarios eran mano de obra especializada e indispensable para los trapiches y por tanto los intereses económicos del sector azucarero frenaba su aplicación. Así que su cumplimiento no fue todo lo riguroso que podría suponerse. Los canarios que quedaron alzados y en las ciudades seguían generando problemas y el 4 de mayo de 1503 el Rey de Portugal se dirige nuevamente a los mandatarios de la isla:
Hemos mandado muchas veces echar fuera de dicha isla a todos los canarios, así horros como cautivos, por los grandes inconvenientes que para dicha isla se producen por culpa de ellos, según estamos informados, lo cual nunca se ejecutó tan enteramente como mandamos. Sin embargo, por esta presente mandamos que, a partir del día de la notificación de este mandato nuestro hasta el fin de los meses primeros siguientes, se han de encontrar fuera de dicha isla todos los canarios que en ella hubiere, así horros corno cautivos, bajo pena de que, los que sean horros, pierdan la libertad y pasen a ser cautivos nuestros si pasado dicho tiempo se encuentran aún en dicha isla, y los que tengan dueño pasarán asimismo a nuestra propiedad. Y damos para esto encargo de ejecución a Joáo Rodrigues de Parada, al cual por ésta mandamos que, pasados los dichos dos meses, tome; para nos como cautivos a todos los que se encuentren en dicha isla y nos los envíe a esta ciudad en la primera caravela que de aquella venga, para mandar hacer con ellos lo que nos plazca.

Finalmente, dos años más tarde, en 1505 se decreta la última orden de expulsión permitiendo que permanezcan tan solo dos esclavos del capitán de la isla, así como los maestros de azúcar. También permanecen los de las islas de Lanzarote y Fuerteventura a los que la orden de expulsión no les afectó.

Orden de expulsión de 1505
Es bien sabido, Pedro de Vera hizo traer frutales y cañas azucareras de Madeiria a Gran Canaria en 1483, también de Madeira llegaron los cosecheros, maestros de azúcar y el personal auxiliar que formaban los carpinteros, caldereros, refinadores, etc. ". Muchos de aquellos «portugueses» que vinieron a Canarias a fomentar el negocio del azúcar en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, no eran otros que antiguos esclavos aborígenes canarios, ahora libertos, cristianizados y ostentando los apellidos de sus padrinos portugueses o el de sus antiguos amos madeirenses, incluso aparece un individuo denominado «Juan de Gáldar, portugués», que aparece citado en documentos de nuestras Islas desde fines del siglo XV.

Pero al margen de los documentos oficiales también existen múltiples manifestaciones etnográficas, nombres y topónimos, así como tradición oral y pruebas arqueológicas que nos proporcionan huellas de la presencia de los canarios alzados en Madeira. 



La tradición oral de Madeira habla de "hombres con rabo", seguramente por la forma de los tamarcos. De construcción de almogarenes y atarjeas. También nos cuenta que los canarios cuando se veían acosados y rodeados optaban por desriscarse. También habla de una mujer canaria se tiró de un risco y cayó en una zona del barranco donde había agua, de modo que sus perseguidores vieron como quedó flotando con los cabellos plenamente extendidos en la superficie del agua. Después fue rescatada y salvada de la muerte, pero no de la esclavitud... 

Cuenta como construyeron y vaciaron rocas y escavaron cuevas como escondrijos contra las persecuciones. Uno de esos escondites es, a día de hoy, la Ermita de la Peña, escavada y que recuerda a la Ermita de la Virgen de La Cuevita en Artenara o la que se encuentra en Cueva Bermeja, en el barranco de Guayadeque, las dos en Gran Canaria. La roca tiene dos aperturas circulares, una en el techo y otra en el fondo de la misma y que sin duda servía como entrada, respiradero y salida de humo.

Fuente: Faita.org

Sigue la tradición oral diciendo que en el lugar “Lapa do Canario (Cueva del Canario), cuya ubicación exacta hoy se desconoce, en la sierra de Lombo Galego y dentro de la parroquia de Faial, se refugiaron los esclavos canarios “que era gente bravía”, que "andaban huidos por las sierras y cuando se sentían perseguidos y estaban a punto de ser apresados de nuevo, se lanzaban rocas abajo, prefiriendo morir”.

Pero los restos arqueológicos son abundantes, cuevas de habitación, concheros. e incluso cazoletas en el lugar denominado "lugar do Canário", en "Ponta do Sol", al poniente, así como en otros lugares de la isla que indica que mantuvieron sus creencias espirituales.


Ponta do sol, situada al sur de la isla, al oeste de Funchal
Pico do Canario
Cueva y conchero en Pico das cabritas, cerca de la Costa das cabritas en un lugar donde la traición oral recoge que fueron utilizadas en la antigüedad por pastores y en donde existe una fuente de agua en un lugar cercano
molino de mano encontrado en Madeira.

Pero la etnografia nos deja otra joya, la danza de “Los Esclavos”, cuyo sonido musical se basa en instrumentos de percusión (tambores) y donde los pasos de las parejas eran cortos y lentos, debido a tener los pies esposados con grilletes y encadenados, y que la postura ó posición de la cabeza era
baja (barbillas al pecho) mirando al suelo y el brazo derecho a la altura de los ojos, ya que no podían ni debían mirar a sus dueños y señores. 

Pero no acaban ahí las sorpresas. Recientemente se ha descubierto que el nombre del baile es "Baile da Ponta do Sol". Una danza cuyo ritmo, según algunos, tendría cierta similitud con la música de la Gomera y el Hierro aunque a mi particularmente me recuerda también al folclore de Lanzarote y Fuerteventura.

En cualquier caso han de ser los expertos los que estudien los ritmos y el baile, incluso tratando de reconstruir los sonidos con instrumentos nativos y los pasos de bailes sin las "cadenas" ni la cabeza gacha, buscando las pistas que puedan estar escondidas en el baile y la melodía actual..





La historia de los canarios en Madeira es la historia de una comunidad pancanaria de gomeros, guanches, palmeros y canarios alzados juntos en las montañas y apoyados por los horros y cautivos de las ciudades. Es la historia de una revuelta de esclavos que tuvo éxito, así como de la determinación a conservar sus costumbres y su libertad.


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